Ricardo Torlaschi, uno de los argentinos con más experiencia en el Rally Dakar, visitó Bardo Deportivo de Lila para una charla íntima, cargada de anécdotas, historias de superación y la crudeza del rally más extremo del planeta. Junto al periodista El Tano Robles, Torlaschi repasó su vida sobre ruedas, sus inicios humildes en Mendoza y los desafíos físicos y mentales de competir en la élite del deporte motor.
Criado en el barrio Santana, entre pelotazos en la calle y bicicletas guardadas «para que no se las roben», Torlaschi no tuvo un karting en su infancia, pero sí un carrito de rulemanes armado con una tabla. «Mi viejo era enólogo, familia de clase media. Soñaba con correr, pero no había plata», recordó. El automovilismo no era parte del día a día, hasta que una oportunidad lo llevó a ser mecánico en Toyota junto a Alejandro Yacopini , y de ahí su vida cambió para siempre.
Torlaschi comenzó como mecánico de taller y luego jefe de equipo en el equipo de competición de Yacopini. Su salto llegó cuando el piloto lo invitó a subirse como navegante . «No sabía ni diferenciar la izquierda de la derecha. Me tuve que atar un cordón en la mano para no confundirme», confesó entre risas. Su formación la hizo de la mano del experimentado Roberto Pati , quien lo entrenó en navegación y técnica de rally.
«El Dakar no es solo velocidad. Es pasión, estrategia, locura y corazón», sentenció Torlaschi. Y lo sabe bien: ha corrido el mítico rally junto a nombres como José García , el Chino Yacopini , Federico Villagra (el Coyote) y pilotos internacionales como el español Xevi Pons . También ha compartido cabina con corredores de Rusia, Ecuador e Italia.
¿Qué se necesita para no rendirse cuando todo te dice que pares? La respuesta para Ricardo está en el entrenamiento constante, la capacidad de adaptación y una mente fría. «Estás en medio del desierto, sin señal, con calor o frío extremo, y tenés que resolver en segundos. Ahí es donde aparece la cabeza y la pasión verdadera», aseguró.
A diferencia del copiloto de rally tradicional, el navegante del Dakar necesita conocer de mecánica, navegación satelital y supervivencia. «Yo no solo cantaba la hoja de ruta, también arreglaba lo que se rompía en carrera. Esa base de taller me salvó muchas veces», explicó.
Hoy, además de seguir vinculado al automovilismo, Torlaschi se dedica a la mecánica de forma activa. «Sigo arreglando autos, eso no lo dejo. Me gusta ensuciarme las manos y estar en contacto con la gente», dijo. Pero no descarta seguir compitiendo: «Siempre tengo una mochila lista. Uno nunca sabe cuándo vuelve a largar».
