En un nuevo programa de Fondo de Comercio, el equipo se metió en un rubro que siempre está ligado a momentos importantes: la joyería. Después de analizar semanas atrás el negocio de las florerías —clave en casamientos y propuestas—, esta vez el foco estuvo puesto en lo que viene después de las flores: los anillos, las alianzas y las piezas que quedan para siempre. Las invitadas fueron Candela y Emilia Molina junto a Andrea Ortega, madre e hijas y creadoras de María Candela Joyas, una marca mendocina que nació casi como un hobby y hoy es una empresa familiar en expansión.
Durante la charla explicaron qué diferencia a la joyería de la bijouterie: el uso de metales preciosos como plata 925, oro o platino, la durabilidad y el mantenimiento del valor en el tiempo. También compartieron tips para identificar plata real —desde el brillo hasta la prueba del imán— y hasta una fórmula casera para limpiarla con agua caliente, papel aluminio y bicarbonato. Entre anécdotas de clientes que se prueban lo que van a cambiar o historias insólitas de robos y regalos frustrados, quedó claro que el rubro tiene tanto de producto como de vínculo humano.
El recorrido de la marca fue de menor a mayor: comenzaron vendiendo a amigas y familiares, luego fueron casa por casa con un maletín, crecieron en Instagram y explotaron en pandemia gracias a la tienda online y un repartidor improvisado que salvó el negocio en plena cuarentena. Más adelante abrieron un showroom en el garaje de su casa hasta que la demanda las llevó a un local comercial. Hoy proyectan nuevas aperturas, incorporaron taller propio y profesionalizaron la gestión con stock, sistema y equipo de trabajo.
En números, estimaron que abrir una joyería requiere entre 70.000 y 80.000 dólares sin contar la compra del local, con una rentabilidad promedio del 20 al 25% y un recupero de inversión de entre dos y tres años. El stock inicial, el mobiliario vidriado, la seguridad, el packaging y los exhibidores son claves para arrancar. El ticket promedio ronda los 100.000 pesos y los meses fuertes son octubre y diciembre. Más allá de los números, el diferencial estuvo en algo más intangible: comunidad en redes, marca personal y una familia que convirtió un gusto por la plata en un negocio que no deja de crecer.
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