El estudio nunca se sintió tan perfumado como hoy. Entre risas, aplausos y algún que otro palo al aire, Daniela Cantautas volvió a Bardo junto a Pilar Corradi y Sofía Cabañaro, del equipo de marketing de Sandra Marzán, para hablar de algo que pocos entienden pero todos sienten: el marketing olfativo. ¿Qué es un odotipo? ¿Se puede patentar un aroma como si fuera un invento? ¿Cuánto cuesta crear una fragancia propia para una marca? Spoiler: más de lo que imaginás… y vale la pena.
La charla fue de lo técnico a lo emocional en segundos. Desde cómo las grandes marcas internacionales construyen identidad a través del aroma —y pagan exclusividad por años— hasta cómo una pyme puede adaptar fragancias ya desarrolladas para bajar costos sin perder personalidad. Se habló de hoteles, locales de ropa, centros comerciales y hasta de autos 0 km. Porque el olor no es solo un detalle: es memoria, es experiencia y, muchas veces, es decisión de compra.
Entre anécdotas y ejemplos locales, apareció un caso que encendió el estudio: la fragancia creada junto a Entre Dos, inspirada en el aroma a chocolate y vainilla de su fábrica. Un boom que agotó ediciones y que ahora promete una nueva versión tras ganar un premio al “aroma a alfajor”. Ahí quedó claro que el perfume no solo acompaña productos: puede transformarse en producto.
La conclusión fue tan sensorial como estratégica. Si Bardo quiere su propia identidad, no alcanza con tirar aerosol cada tanto. Hay que pensar metros cuadrados, circulación de aire, textiles, público, emociones y hasta si los conductores vienen demasiado perfumados. Porque un buen aroma no se impone: acompaña. Y cuando está bien logrado, no se nota… pero si falta, todos lo sienten.
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