Ídolo, goleador, referente de varias generaciones, hablar de Perico Ojeda es recorrer décadas de fútbol mendocino, emociones en la cancha y momentos que quedaron grabados en la memoria colectiva. En una charla íntima con Bardo Deportivo by Lila, Perico repasó sus tres goles más recordados, habló de su presente lejos de las grandes luces y del amor incondicional de la gente, incluso en los rincones menos esperados.
Cuando se le pregunta por sus mejores goles, Perico sin duda en mencionar uno que pocos pueden ostentar. «Hacerle un gol al Barcelona fue algo inolvidable. No es lo mismo un penal que un gol en movimiento, ¿no?».
El segundo, también en España, lo transporta a una jugada que aún describe con lujo de detalles. «Contra el Espanyol, por la derecha engancho para el medio, llego a la punta del área grande, le pego de zurda y se clava en el segundo palo. Un golazo».
Y el tercero, con Racing, un equipo que marcó su carrera y su corazón: «Contra Gimnasia de Jujuy. La aguanta el Chanchi Esteban, me la deja, entra al área y hago el gol. Lo primero que hice fue abrazar al utilero, después vinieron todos los compañeros. Un momento muy lindo».
Ojeda hoy transita una vida más tranquila. Es sereno en una escuela y árbitro en torneos de fútbol 5 y 7, pero sigue muy ligado al deporte. Aunque su imagen es reconocida por muchos, hay quienes necesitan buscarlo en Google para caer en la cuenta de quién es ese árbitro que no deja pasar una. “Una vez uno me dice: ‘¿Y vos quién sos?’ Le respondí: ‘No jugué en ningún lado’. Después otro le dice: ‘¿Sabes quién es? ¡Es Perico Ojeda, googlealo!’”.
El fútbol sigue presente también a través de su hijo, un verdadero fanático de las camisetas y las banderas. «Tiene de todo: River, Boca, Godoy Cruz, Gimnasia… Menos de la Lepra, esa no. Y una vez fuimos a dar una vuelta con la bandera de G. Cruz y justo nos cruzamos con hinchas de la Lepra. Uno vino corriendo y le sacó la bandera. Por suerte no pasó nada, pero mi hijo se acuerda bien de ese momento».
Perico recuerda su paso por La Gloria , el club del barrio, donde encabezó un proyecto deportivo para niños que lamentablemente fue interrumpido cuando la Municipalidad dejó de subsidiarlo.»La Gloria hoy sigue con los más chiquitos, jugando en Femefi. Yo ya no estoy ahí. Me quedé sin trabajo hace dos años».
Actualmente, Perico trabaja como sereno en una escuela primaria y dedica algunas horas como árbitro, manteniéndose siempre cerca de una pelota. «Lo que tiene el fútbol es que siempre te da. Yo puedo caminar tranquilo por la calle, y la gente me sigue saludando con cariño».
Aunque evita caer en la nostalgia, admite que de vez en cuando se emociona con algún recorte o nota en la tele. «Te acordás por dónde anduviste, y sí, te emociona. Pero trato de vivir el presente, de disfrutar lo que tengo hoy».
La historia de Perico Ojeda es más que goles. Es una historia de humildad, esfuerzo, cariño del pueblo y esa llama que el fútbol le encendió desde siempre. Porque, aunque no esté todos los días en la tele, Perico sigue siendo leyenda viva del fútbol mendocino.
