En una reciente entrevista con Bardo, Mario Adaro, juez de la Corte Suprema de Mendoza, abordó temas clave sobre su trayectoria, su compromiso con la inclusión y los desafíos que enfrenta el Poder Judicial en Argentina. Nacido en Palmira, Adaro compartió su proceso de transformación personal hacia una mayor apertura inclusiva, impulsado por sus experiencias familiares y profesionales.
Adaro reconoció que proviene de una generación influenciada por valores machistas, pero destacó que está en un proceso de «deconstrucción» para ser más inclusivo. Si bien admite que aún lucha por incorporar el lenguaje inclusivo en su día a día, asegura que su compromiso es ir más allá de las palabras, buscando reflejar esa inclusión en sus acciones cotidianas. Esto, según el juez, es una cuestión que va más allá de las modas políticas actuales, ya que las «conquistas sociales no dependen de quién conduce un país», haciendo referencia a los avances en derechos de las minorías en todo el mundo.
Al ser consultado sobre su papel como juez, Adaro destacó que la responsabilidad de los jueces es asegurar la equidad, especialmente para las minorías. «El derecho viene a hacer eso», afirmó, en referencia a la necesidad de proteger a aquellos grupos que históricamente han sido excluidos. En este contexto, el juez mencionó su formación influenciada por el peronismo y una frase de Eva Perón que marcó su decisión de estudiar abogacía: «Donde hay una necesidad, hay un derecho».
Respecto a los desafíos que enfrenta la justicia en Argentina bajo el actual gobierno de Javier Milei, Adaro compartió su opinión sobre la visión «liberal e individualista» del nuevo presidente. En su análisis, calificó a Milei como parte de un «ensayo de grupos de poder» que buscan experimentar con una forma de «anarquía liberal», trazando un paralelismo con las políticas del presidente salvadoreño Nayib Bukele. Según Adaro, la singularidad de Argentina, tanto por su matriz sociológica como por sus características económicas, lo convierte en un «laboratorio» donde se están poniendo a prueba estos nuevos modelos políticos.
Uno de los temas que más preocupa a Adaro es la falta de legitimación y confianza que enfrenta el sistema judicial en el país. Citó datos alarmantes, señalando que solo el 9% de los argentinos considera que la justicia es eficiente y apenas el 8% la percibe como transparente. «Si eso no te duele, no sé qué puede hacerlo», comentó el juez, reflexionando sobre el enorme desafío que esto representa para quienes ocupan puestos en el Poder Judicial.
En un contexto donde las demandas de innovación se imponen, Adaro reconoció que la justicia sigue siendo un espacio «jerárquico y vertical», donde los cambios son difíciles de implementar. Sin embargo, destacó la voluntad del capital humano dentro del sistema judicial por buscar mejoras. En ese sentido, Adaro habló de la necesidad de llevar a cabo «proyectos pequeños de alto impacto» que puedan escalarse a nivel nacional, en lugar de esperar grandes reformas que muchas veces no se concretan debido al miedo al fracaso.
En relación con la digitalización de la justicia, Adaro reveló una ironía dentro del sistema: aunque casi todos los tribunales de Mendoza han digitalizado sus expedientes, la propia Corte Suprema de la provincia sigue trabajando con documentos físicos. Esta situación es una clara contradicción, considerando los esfuerzos que se han hecho para modernizar el sistema judicial en otros niveles.
La entrevista cerró con un Adaro reflexivo sobre el futuro, tanto en términos personales como profesionales. Si bien no se ve en la Corte a largo plazo, mencionó que estaría dispuesto a continuar si eso significara llevar adelante cambios significativos. Para él, la innovación en la justicia es un «desafío hermoso», uno que espera poder seguir enfrentando con un enfoque inclusivo y comprometido con las transformaciones necesarias para el bien común.
