En este episodio de Roster, el fuego se encendió con dos verdaderos maestros de la parrilla. Desde Entre Ríos hasta Perú, charlamos sobre los rituales del asado, los mitos más grandes del asador, los cortes que valen la pena y los que son puro marketing. Una conversación con aroma a leña, risas y verdad: el asado no es una receta, es una cultura.
El asado, en palabras de los invitados, es un acto profundamente identitario. En Perú, la tradición arranca al mediodía con picada y mucha papa, continúa con choris, mollejas o morcillas y termina con la carne. En Entre Ríos, en cambio, empieza mucho antes: “El ritual arranca con el primer mate del domingo”, contaron entre risas. Mientras uno defiende el carbón y el otro jura por la leña, ambos coinciden en algo: el fuego es una extensión del asador. Y, sobre todo, en que “cada corte tiene su punto y cada uno come como quiere”.
Entre chistes y anécdotas, los asadores desmitifican verdades sagradas. “El vacío no se puede comer jugoso, es punto gris”, afirman, para luego reconocer que cada cultura tiene sus costumbres. Pero el debate más picante llega cuando se habla de los cortes “chetos” como el Tomahawk o el Ojo de Bife. “El Tomahawk es puro show, un tema social y clasista. Mostrar que podés pagar eso”, dicen, antes de rematar con una frase que quedó grabada: “No caiga en el consumismo, señora, no compre Tomahawk.”
El fuego también abre paso a las reflexiones más profundas: sobre lo que comemos, lo que elegimos y lo que dejamos atrás. “En tiempos de góndolas, pensemos lo que estamos consumiendo. Veamos de dónde viene, las razas, qué come lo que comemos”, advierten, invitando a volver a lo esencial. Porque el asado no es solo carne: es compartir, es ritual, es conexión con la tierra y con los otros.
Y cuando el fuego baja, llega el mensaje que los une: “Lo que une a los asadores latinoamericanos es la pasión. Equivocarse, aprender, disfrutar el proceso.” En Roster, el fuego no se apaga: se transmite.
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