En este nuevo capítulo de Bardo Financiero junto a los amigos de Max Capital, nos visitó Martín Zaragoza, CEO de Avícola Zaragoza, una de las empresas avícolas más grandes de Mendoza. Hablamos del negocio real: desde la cría, logística, distribución y el salto digital para abastecer a toda la provincia.
La historia de Martín no comenzó siendo empresario, sino con el llamado a ser médico. Sin embargo, el huevo fue más fuerte. Hoy Avícola Zaragoza posee más de 216.000 gallinas ponedoras, un sistema automatizado y una industria que, aunque parece invisible, nos da de comer todos los días. “La gente no tiene idea del nivel de inversión que requiere esto”, contó, y no exagera: para levantar una granja como la suya se necesitan millones de dólares y jaulas importadas de España.
La historia empezó hace 43 años en el patio del abuelo, con unas gallinitas. Hoy, Avícola Zaragoza produce 180.000 huevos diarios que abastecen a buena parte de la provincia. Todo automatizado: las gallinas ponen, el huevo viaja por cinta hasta una máquina que lo clasifica y lo empaqueta. Pero no todo es eficiencia: la gripe aviar, las olas de calor o un corte de luz pueden tirar todo abajo. “Es un negocio abierto 24/7, la gallina no para y nosotros tampoco”, resumió Martín.
Lo más impactante es el detrás de escena. El alimento de las gallinas (70% maíz, 30% soja y suplementos), la vacunación, los galpones refrigerados, los sistemas solares para ahorrar energía. Nada es casualidad. “El mayor costo es el alimento. Y si sube el maíz, sube todo”, dijo. A eso sumale que en Argentina se consumen 365 huevos per cápita por año, o sea: un huevo por persona, por día. Y aun así, el país solo exporta el 1% de su producción.
Martín sueña con más. Industrializar su producto, meter la marca Zaragoza en góndola o incluso producir su propio maíz. Pero sabe que no puede con todo: “Hoy mi foco es terminar de profesionalizar la empresa y elegir hacia dónde crecer”, explicó. Mientras tanto, diversifica: invierte en ladrillos para protegerse de las crisis y planifica cada paso con cabeza fría. Porque en este negocio, el riesgo no es una metáfora: una enfermedad puede borrar todo en un día.
Hoy, mientras muchos hablan del campo desde lejos, Martín vive en el campo. Con los pies en la tierra, la cabeza en la estrategia, y una empresa que no para nunca. “Esto no es acumular riqueza. Es dar trabajo, producir alimento y hacerlo bien.” Y en un país donde muchos ven al empresariado con sospecha, escuchar a alguien con visión, pasión y planificación, da ganas de creer.
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