Caerse de un barco, prenderse fuego o recibir un hachazo en la espalda no suena a una gran idea… a menos que seas Álvaro Bianchi. Doble de riesgo, coreógrafo de peleas y asesor en combate y seguridad, este mendocino pasó de entrenar artes marciales en su ciudad natal a morir miles de veces en películas como 300, Los Indestructibles o Jaque Mate. “En 300 me mataban tantas veces que ya ni sabía de qué bando era: persa, espartano o griego, todo al mismo tiempo”, cuenta entre risas.
Álvaro se mueve en un universo que combina precisión técnica y peligro real. Nos explicó cómo se diseña una coreografía de pelea desde cero, qué errores no perdona un experto (spoiler: cómo agarran el arma) y cómo se entrena para hacer escenas que duran diez segundos… pero requieren ocho horas de golpes, barro y espadas. “Si te pegan en la cara en una toma, como me pasó con Adrián Suar, te la bancás, pedís disculpas y seguís. Es parte del laburo”.
Pero detrás de cada escena espectacular, hay un trabajo meticuloso de seguridad. Bianchi no solo hace las escenas, también entrena actores y revisa armas para evitar tragedias como las que marcaron a Hollywood. “Una bala de fogueo mal usada puede ser letal. El arma no tiene que estar apuntada a nadie. Si la cámara está de frente, todos los demás tienen que estar fuera del plano”.
Más allá de la acción, Álvaro se mueve con la misma pasión en contextos reales: trabaja como instructor de combate, colaboró con Gendarmería, Policía y Ejército, y dicta cursos de seguridad y manejo de armas. “No todo es explosión. La mayor parte del tiempo, la seguridad real se basa en prevenir. Si ya entraron, algo falló”, dice con la voz de alguien que sabe lo que es estar en el límite.
Hoy reparte su tiempo entre sets de cine, entrenamientos tácticos y su vida en Mendoza. Desde ahí, se ríe de su fama improbable: ser el argentino que muere en todas las películas. “Pero muero bien, que es lo importante… ¡y a veces me pagan más por eso que por vivir!”
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