En otro episodio de Fondo de Comercio, el programa conducido por Juanma y Ángel, los oyentes se sumergieron en un mundo fascinante y, para muchos, desconocido: los sex shops. Con humor y sin filtros, los anfitriones dialogaron con María Dell Agnolo, propietaria de Libidine, Tienda Boutique Erótica , quien compartió su experiencia al frente de un negocio tan particular como lucrativo.
María, quien comenzó su camino en este rubro tras una separación en 2018, explicó cómo su búsqueda personal de autoconocimiento y bienestar sexual la llevó a crear un espacio distinto. “Me di cuenta de que no había lugares donde una pudiera sentirse cómoda, asesorada y respetada al buscar productos para explorar la sexualidad. Todo era muy limitado y, a menudo, incómodo. Ahí supe que tenía que existir algo diferente”, relató.
Con un enfoque en el diseño, la calidad y la asesoría personalizada, María fundó Libidine. Lo que empezó con una venta independiente a través de Instagram se convirtió en un negocio consolidado, con un local físico que atrae principalmente a mujeres, pero que también recibe consultas de hombres y parejas. “Mi propuesta no es solo vender juguetes, sino acompañar a las personas en un proceso de autoconocimiento y redescubrimiento del erotismo. La sexualidad empieza mucho antes del encuentro físico y trasciende el acto en sí”, explicó.
Lejos de los estereotipos que suelen rodear a los sex shop, María destacó el rol terapéutico que tienen muchos de los productos. “Los juguetes pueden ser aliados en la recuperación tras una cirugía, en casos de vaginismo o para fortalecer el suelo pélvico. También ayuda a personas con disfunciones sexuales o simplemente a quienes quieren reconectar con su cuerpo”, señaló.
Además, subrayó la importancia de la asesoría adecuada para evitar malos entendidos o experiencias negativas: “En mis inicios, me pasó de comprar algo que no tenía idea de cómo usar. Por eso, en Libidine nos aseguramos de entender las necesidades del cliente antes de recomendar un producto”.
Según la empresaria, el negocio de los sex shops es constante, con temporadas altas en fechas especiales como San Valentín o el Día del Amigo. La inversión inicial puede ser relativamente baja, pero crecer requiere planificación. “Empecé comprando un juguete y vendiéndolo. Luego compré dos, después cuatro. Así fui reinvirtiendo hasta tener un catálogo amplio. Hoy el diseño y la calidad son claves para destacarse”, comentó.
Además, la cultura en torno a la sexualidad ha cambiado: las personas buscan más información, priorizan la calidad y valoran espacios donde puedan explorar sin prejuicios. Esto, según María, ha abierto la puerta a una mayor aceptación y crecimiento del mercado.
El episodio de Fondo de Comercio también fue una oportunidad para desmitificar el mundo de los negocios eróticos. Juanma y Ángel abordan temas como los prejuicios sociales, el impacto del porno y la diversidad de productos que existen más allá de los estereotipos.
“Hay mucho por aprender y descubrir en este rubro. Y, como siempre decimos, el feedback de la gente es clave para seguir creciendo”, concluyó Ángel, dejando abierta la invitación a explorar sin vergüenza un mundo donde la curiosidad y el disfrute son protagonistas.
Sin lugar a dudas, los sex shops han dejado de ser lugares oscuros y secretos para convertirse en espacios inclusivos, educativos y, sobre todo, rentables. Un negocio que, como dicen los conductores, “nunca baja la persiana”.
