Ricardo Torlaschi, uno de los argentinos con mayor trayectoria en el Rally Dakar, fue protagonista de una charla inolvidable en Bardo Deportivo de Lila, donde repasó su recorrido por la competencia más exigente del mundo y reveló vivencias tan insólitas como impactantes.
Desde el inicio, Torlaschi captó la atención con su mirada crítica sobre la vida en Arabia Saudita, país que desde 2020 alberga la edición moderna del Dakar. «Los restaurantes son solo para hombres o familias. Las mujeres solas no pueden ir», explicó, visiblemente sorprendido por las estrictas reglas sociales. “En un ascensor, si hay una empleada, no puede subir con vos. Te dan un reglamento antes, lo tenés que aprender”, remarcó.
Pero lo más difícil, según él, fue adaptarse al código de conducta hacia las mujeres: “No podés mirar a los ojos a una mujer casada. Ni siquiera a las que solo muestran los ojos con el niqab. Tenés que hablar para abajo”. Estas normas, dijo, son parte de una cultura “muy distinta a la nuestra”.
En términos deportivos, Torlaschi hizo una contundente comparación entre los distintos escenarios del Dakar: “Argentina era mucho más duro por la temperatura y las zonas rotas. En Arabia es más fácil en ese sentido. Y el Dakar original, el que iba de París a Dakar, era otro mundo: sin control satelital, con brújulas. Podías quedar perdido en cualquier lado”.
Una de las anécdotas más impactantes fue cuando, en plena etapa, sufrió múltiples pinchaduras y una falla en el diferencial. “Hicimos 400 km en 4×2, veníamos últimos. Paro para cambiar el neumático, pero no me acordaba si había sacado el auxilio del auto. El miedo que me dio fue terrible”, relató. “Terminé la etapa con la rueda pinchada, no me bajé más del auto”.
Torlaschi también admitió haber hecho «trampas» para seguir en carrera: desde robar un turbo de un auto abandonado hasta acortar caminos. “Me caminé 10 km con herramientas, desarmé un auto y volví. Lo bueno es que era del mismo equipo”, dijo entre risas. También denunció un mercado negro de información: “Hay gente que paga hasta 100 mil euros por datos del recorrido. Es imposible competir si otros compran esa ventaja”.
Como copiloto, explicó que su rol no es solo de navegación, sino de decisión y estrategia. “No podés obviar un peligro porque si hay un accidente, la responsabilidad es tuya. Pero a veces no le canto los peligros leves para que no suelte el acelerador. Con los triples peligros no se juega: si hay precipicio o piedra grande, se canta sí o sí”.
Finalmente, reveló el error más grande de su carrera: “Perderme 20 minutos en una etapa clave, con un pequeño error de brújula. Veníamos peleando contra los Kamas rusos. Me quería matar”.
La visita de Ricardo Torlaschi dejó en claro que el Rally Dakar es mucho más que una competencia de velocidad: es una prueba de resistencia física, mental, cultural y hasta espiritual. Una odisea donde cada decisión puede marcar la diferencia entre la gloria, el abandono… o un susto imposible de olvidar.
