En una entrevista cargada de nostalgia, humor y verdad, el histórico goleador Perico Ojeda repasó su carrera en el estreno de la nueva temporada de Bardo Deportivo by Lila. Con el carisma de siempre y una humildad intacta, el Tano Robles lo recibió para hablar de su vida dentro y fuera de las canchas, desde su debut como arquero en San Luis hasta su retiro definitivo en Mendoza.
Nacido en San Luis, Pedro “Perico” Ojeda comenzó su carrera en San Lorenzo de su provincia natal, primero bajo los tres palos. Sin embargo, un cambio de posición en un partido casual marcó un antes y un después: pasó a jugar como delantero y se convirtió. Ese fue el inicio de un largo camino que lo llevó a destacar en equipos como Huracán de San Luis, Gimnasia de Mendoza y Godoy Cruz. Su carrera continuó por Chile, Instituto de Córdoba, Racing Club y finalmente España, donde jugó en el Numancia y le convirtió un gol nada menos que al Barcelona en su debut.
El relato de Ojeda está atravesado por situaciones insólitas. Contó, por ejemplo, cómo debió jugar infiltrado por una lesión del ciático en el Torneo del Interior, o cómo defendió a un compañero de un policía en el vestuario de La Paz, solo para reencontrarse con ese mismo agente meses después, en un control en San Luis. Historias que parecen de película, pero que pintan de cuerpo entero a un futbolista de barrio, pasional y leal.
En el plano económico, Perico no dudó en reconocer que fue en Gimnasia donde comenzó a ganar bien, lo que le permitió ayudar a su familia. “Le dije a mi viejo que no trabajara más y se viniera conmigo a Mendoza”, recordó. También confesó que supo manejar bien su dinero: “He tirado como he juntado”, dijo entre risas, reconociendo que muchas veces jugó por amor al fútbol más que por necesidad.
Después de su paso por Europa, regresó a la Argentina y jugó en Talleres, Huracán Las Heras, Luján, Juventud Unida y otros clubes del interior. Su último club fue Huracán de San Rafael, donde también debutó como técnico tras haber realizado el curso. Dirigió unos partidos y logró clasificar al equipo al Torneo del Interior, aunque siempre resaltó que el mérito fue del entrenador anterior, el “Lechuguilla”.
Con un fuerte arraigo a Mendoza, Ojeda confesó que decidió quedarse en la provincia tras retirarse. «Tengo buenas relaciones con todos los clubes donde jugué, me invitan a la cancha, a comer asado. La gente se acuerda de mí y eso me llena de alegría», afirmó. El cariño mutuo se hace evidente también fuera del micrófono: el Tano Robles recordó cómo Perico fue a visitarlo tras un accidente, con alfajores y mates, demostrando que su grandeza va mucho más allá del campo de juego.
El delantero también dejó perlitas de su etapa en Godoy Cruz, con anécdotas de vestuario y salidas nocturnas, siempre con el límite claro de lo profesional. “Para tener la carrera que tuve me tenía que cuidar, si no, no hubiera llegado”, reconoció. A lo largo de la charla, su figura quedó retratada como la de un futbolista atípico, con los pies sobre la tierra, mucha calle y aún más corazón.
Perico Ojeda es, sin dudas, un símbolo del fútbol mendocino. Aunque nació en San Luis, su historia está escrita con goles y recuerdos en cada rincón de Mendoza. Su legado no está solo en las redes que infló, sino en las personas que tocó con su humanidad y en las vivencias que hoy comparte con humor y orgullo.
