En un nuevo episodio de Bardo Financiero By Max Capital , Nicolás Attias y Matías Lara se sumergen en el mundo de las hamburguesas premium junto a Tomás Granella, fundador de BURGANG, una de las marcas gastronómicas más populares del momento en Mendoza. A sus 29 años, Tomás lidera un emprendimiento que nació en plena pandemia y hoy cuenta con varios locales abiertos y una comunidad fiel de fanáticos del buen comer. “No sé si millonario, pero por lo menos la idea está buena, el proyecto avanza”, aseguró entre risas, dejando en claro que el éxito se mide más allá del dinero.
La historia de BURGANG comenzó casi de casualidad, cuando Tomás regresó a Mendoza desde Buenos Aires, donde jugaba al rugby, y se encontró confinado en su casa debido a la pandemia. «Mi papá tenía una farmacia y podía salir, pero nosotros no. Entonces fue: ¿qué hacemos para salir, viste?», contó. La idea de emprender surgió junto a un amigo, y barajaron dos opciones: pizzas congeladas o hamburguesas en caja. La segunda fue la elegida, y así comenzó a armar kits con todo lo necesario para cocinar en casa. “Te mandábamos todo un kit con instructivo: prende la plancha, fuego bajo, desgrasar… todo detallado”, recordó.
Los inicios no fueron fáciles, pero sí muy creativos. Desde una cocina casera y con la ayuda de amigos y familiares, comenzó a probar recetas, testear productos y construir una marca con identidad propia. “Teníamos que tener una marca cojonuda, que guste más que el simple hecho de Burger Box”, explicó Tomás. El nombre surgió naturalmente de la combinación entre “burga”, como se dice a la hamburguesa en Buenos Aires, y “gang”, el concepto de grupo o crew que querían transmitir. Así nació BURGANG, una marca que apunta a ser “muy buena, muy consistente y muy notoria”.
La pandemia, que para muchos significó freno y crisis, fue para Tomás y su equipo un empujón inesperado. El crecimiento fue tal que debieron dejar el quincho familiar en el que trabajaron y alquilaron su primer local en el barrio Bombal. “La madre de mi amigo nos dijo: ‘ya tienen un movimiento en el cual podría salir a alquilar algo’. Tenía el congelador con cheddar y ketchup, tres personas metidas… y nos bancó mucho, pero era hora de dar el salto”, recordó entre risas.
Hoy BURGANG cuenta con tres locales abiertos y uno más casi listo frente al Dalvian, en Mendoza. El camino fue vertiginoso, pero siempre acompañado de una visión clara sobre la importancia de la marca, el producto y la experiencia. “Antes de tener el nombre, hacíamos moodboards, buscábamos referencias. Queríamos una marca que enamora, que no sea sólo una caja linda o una buena hamburguesa”, explicó Tomás, quien también destacó el papel de su hermano en los primeros pasos del proyecto.
En cuanto al modelo de negocio, si bien admitir que el profesionalismo fue lo último en llegar, siempre tuvieron claro que las reglas internas debían estar claras desde el inicio. “Quisimos dejar todo muy claro, como decir: ‘che, que no queda en cosas de amistades’. Si hay un problema, que podamos remitirnos a lo pactado”, señaló, haciendo énfasis en la importancia de una buena sociedad para evitar conflictos.
La historia de BURGANG es un claro ejemplo de cómo la creatividad, la perseverancia y una buena dosis de intuición pueden convertir una idea nacida en cuarentena en un fenómeno gastronómico. “La perfección no te tiene que frenar el progreso”, afirmó Tomás, resumiendo una filosofía que combina pasión por el producto con una mirada emprendedora que ya piensa en nuevos horizontes. ¿El próximo paso? La franquicia y seguir ampliando.
