En este nuevo episodio de Singulares, nos visita José Bahamonde. Chef, publicista, poeta, anfitrión. Un tipo distinto, de esos que transforman una comida en un momento, y una charla en una experiencia. Su nombre en Mendoza es sinónimo de calidez, diseño con identidad y sensibilidad aplicada a lo cotidiano. Es difícil rotularlo, y quizá por eso encaja perfecto en este espacio.
Hijo de una madre explosiva y un padre gallego, culto y silencioso, su infancia fue una mezcla de poesía, intensidad y duelos silenciosos. “Soy un niño con la necesidad de expresarse”, dice, y todo en su historia confirma eso. Desde los poemas guardados en cajas de lápices hasta su primer restaurante, La Sal, donde cada carta era un manifiesto poético y cada espacio, una declaración estética. Bahamonde hace de todo, pero sobre todo hace sentido. A sí mismo y a quienes lo rodean.
En el medio, hubo de todo: una adolescencia marcada por la enfermedad de su padre, años de estudios de derecho que no lo convencieron, una zapatería rupturista, una mudanza a Chile donde descubrió la publicidad y la soledad, y luego el regreso a Mendoza con el peso de ser “el hijo de”. Pero como dijo en la charla: “Soy self-made. Me construí solo. Y eso es algo que me honra”.
Hoy lidera La Gloria, uno de los restaurantes más icónicos y cuidados de la ciudad, una experiencia sensorial en la que diseño, cocina y hospitalidad conviven. Pero José no se define por eso. Su don —lo dice sin falsa modestia— es la palabra y la conexión. “Cuando uno tiene un pequeño don, tiene que expandirlo”, asegura. Y en su caso, ese don se transforma en entrevistas, encuentros, asesoramientos creativos, poesía y una forma de vivir que es puro bardo del bueno: auténtico, generoso, desarmante.
Este episodio no es solo una entrevista. Es una clase de sensibilidad, una historia de superación, un manifiesto sobre lo que puede pasar cuando uno se anima a dejar de encajar para empezar a crear. Porque como dijo Sabina —su ídolo máximo— y él repitió casi sin respirar: “En esa hora jodida donde los bares a punto están de cerrar, cuando el alma necesita un cuerpo que acariciar.” Bahamonde es eso: una mezcla de bar que no cierra y alma que abraza.
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