Para muchos, el retiro es una foto con aplausos. Para los que vivieron del deporte, es otra historia. En este episodio de Bardo junto a Lila, Pablo Canavosio y Martín Bustos Moyano —exjugadores de rugby profesional— se animan a hablar de lo que nadie cuenta: el vacío, el cambio de rutina, el duelo interno. Y cómo seguir adelante cuando ya no hay camisetas para ponerse.
Jugaban en Italia, Sudáfrica, Francia. Viajes, clubes, himnos, goles de campo. Todo estaba pautado, hasta la toalla del vestuario. Un día, la rutina se corta. «Estás todo el día en casa, y aunque parezca duro, es una realidad», cuenta Pablo. El contraste es brutal: pasar de una vida programada a mirar la PlayStation como plan diario. Y lo peor, a veces, es que tu cabeza sigue creyendo que podés volver.
Ambos coincidieron en algo: Argentina tiene un jugador único. Competitivo, camorrero, solidario. «Nos ven en Europa y saben que damos todo», dicen. Y aunque el sistema profesional local aún está en pañales, los clubes siguen sosteniendo con amor lo que no da el dinero: la pasión. Por eso creen en un modelo híbrido: base amateur + estructura profesional en crecimiento. Y sueñan con una franquicia mendocina en el Super Rugby.
También hablaron de Lila, una herramienta de gestión para clubes que puede facilitar el laburo dirigencial, automatizar tareas y liberar energía para lo importante. “Hay que dejar de apagar incendios y empezar a pensar a futuro”, reflexionan. Porque el profesionalismo no se trata solo de músculo: también se construye desde la organización.
«Nunca fuimos solo rugby». El mundial de veteranos en Bermuda, los escupitajos motivadores en Tucumán, los entrenadores que no traducen ni una palabra. Pero debajo del chiste, hay algo que emociona: la lucha de dos tipos por reencontrarse con su lugar en el mundo cuando la cancha ya no los espera. Porque el verdadero partido empieza cuando ya no hay try, pero hay que seguir corriendo.
