En Fondo de Comercio nos visitaron los creadores de Lemon Tree Hostel, un espacio que en poco tiempo se transformó en referencia para mochileros y turistas que llegan a Mendoza. Lo que empezó como un proyecto con más ganas que certezas, hoy es un punto de encuentro donde se mezclan culturas, experiencias y anécdotas de todo el mundo.
Durante la charla, los dueños contaron cómo es abrir y sostener un hostel en una provincia turística: desde lo administrativo hasta lo humano. “Acá no solo alquilamos camas: generamos experiencias compartidas, amistades inesperadas y recuerdos que se llevan los viajeros”, explicaron, dejando en claro que la hospitalidad va mucho más allá de un buen desayuno.
El día a día en Lemon Tree es un verdadero cruce cultural. Gente de distintos países convive bajo el mismo techo, y eso obliga a reinventarse constantemente. Idiomas, costumbres, horarios y expectativas diferentes convierten la gestión en un desafío tan grande como enriquecedor.
También hablamos de lo que significa ser parte del ecosistema turístico mendocino, en una ciudad donde los visitantes llegan buscando vino, montaña y aventura. Los creadores del hostel remarcaron la importancia de ofrecer algo auténtico: “La clave está en que Mendoza sea recordada no solo por lo que se visita, sino también por cómo te hacen sentir quienes te reciben”.
Con anécdotas de mochileros que se quedaron más de lo planeado, historias de amistad que siguen vivas y hasta romances que nacieron en los pasillos, la entrevista dejó en claro que Lemon Tree no es solo un hostel: es una comunidad viajera en pleno movimiento.
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