En este episodio de Roster nos sumergimos en el universo del café junto a Luchi Grau y Matias Szymanski. Desde el clásico torrado que tomaban nuestras abuelas hasta el café de especialidad servido en copas de vino con notas a mango, el café hoy es todo: tradición, moda, necesidad y excusa social.
La charla arrancó con una pregunta clave: ¿cuándo el café dejó de ser solo café? Porque entre cápsulas, prensa francesa, aeropress, chemex y V60, hoy tomar un espresso puede ser una clase de química. “Hay cafés que ya no te levantan, te confunden”, tiraron entre risas. Pero también hubo reconocimiento a quienes convirtieron el café en un producto con historia, trazabilidad y respeto por el grano. Porque detrás de cada taza, hay productores, microclimas y procesos que pocos conocen.
También se habló del boom de las cafeterías de especialidad. Esos lugares donde el latte art parece más importante que el sabor y donde, si pedís azúcar, te miran como si hubieras insultado al barista. “Te cobran $4.500 por un café que no te gusta, pero te sentís mal si lo decís. Es como si no entendieras el arte”, comentaron, con la ironía justa para exponer una verdad incómoda: a veces el ritual pesa más que el gusto.
Pero no todo fue palo. El café también fue defendido como un ritual hermoso, un momento propio, un refugio. “El primer sorbo de la mañana no tiene comparación”, coincidieron. Y aunque muchas veces tomamos por inercia, hay algo de conexión real en ese momento. El café como pausa, como estímulo, como símbolo de algo más.
Y entre tanto debate, una conclusión: el café puede ser simple o complejo, barato o carísimo, con leche o sin. Pero sigue siendo eso que te tomás cuando no das más, cuando querés charlar, cuando necesitás pensar o simplemente cuando no sabés qué hacer. Porque al final, el café no se trata solo de lo que hay en la taza. Se trata de lo que pasa mientras lo tomás.
Mira la nota completa aqui:
