En un contexto donde la imagen se moldea al ritmo de los filtros y la comparación constante, conversamos con la cirujana plástica Alejandra Dovidio para entender hasta qué punto estamos cuidando nuestro cuerpo… o modificándolo para encajar. Rellenos, rinomodelaciones, labios intervenidos antes de los 25: el deseo de cambiar parece empezar cada vez más temprano, y con menos cuestionamientos. “Hoy muchas veces se busca parecerse a un ideal que ni siquiera es real. Es una muñeca, una figura en serie”, resume Alejandra.
Durante la charla, abordamos el boom de los rellenos estéticos, su historia y evolución. Desde la silicona inyectada sin controles hasta el ácido hialurónico que, aunque se vende como temporal, puede permanecer en el cuerpo por años. Y, más allá de las modas, los riesgos: granulomas, fibrosis, dismorfia anatómica. “La mayoría cree que es algo reversible, pero muchos cambios no vuelven atrás. El cuerpo no siempre olvida”, advierte.
Una de las alertas que más resonó fue el impacto que estos procedimientos tienen en personas jóvenes. En muchos casos, se inicia con un ‘retoque mínimo’ que termina generando una dependencia estética difícil de frenar. “Al principio te ponés un poquito. Pero después, para lograr el mismo efecto, necesitás más y más. Así es como se construyen esas caras hinchadas que vemos y decimos ‘yo no quiero quedar así’… pero terminás ahí”, explicó la médica.
También hablamos de prevención, de cuidados no invasivos, y de lo que sí podemos hacer sin alterar nuestros rasgos ni poner en riesgo nuestra salud. Alejandra remarcó que el primer paso es cambiar el foco: “La palabra clave es nutrición. Nutrir tu cuerpo, tu piel, tus vínculos, tu descanso. Todo eso también rejuvenece”. Las cremas funcionan, sí, pero siempre que vengan acompañadas por hábitos reales y sostenidos.
En definitiva, el episodio no busca demonizar los procedimientos estéticos, sino abrir el debate: ¿lo hacemos porque queremos o porque sentimos que debemos? ¿Hasta qué punto nuestro deseo es realmente propio? En un mundo donde las caras parecen repetirse, tal vez el mayor acto de rebeldía sea conservar la nuestra.
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