Cuando alguien vive entre autos, el taller es su templo. En este nuevo capítulo de Bardo Fierros, nos metimos en el mundo de Robert y su equipo de Rotary Brothers, una crew que no colecciona autos: los vive, los rescata, los desarma y los reinventa. Son fanáticos de los motores rotativos —esos que casi nadie en Argentina se animó a tocar.
Todo empezó con un gesto simple pero poderoso: su papá, mecánico, se compró una coupé RX7 en los 80 y sin saberlo le cambió la vida. “Yo me subía con mis hermanos y era como ir en un plato volador. Éramos sardinas, pero felices”, cuenta Robert. Hoy, el garage familiar se convirtió en un museo vivo de los motores Wankel, donde cada auto tiene nombre, historia y heridas de guerra.
El motor rotativo no es para cualquiera. Más simple en construcción, más complejo en tolerancia, y más exclusivo que una Ferrari en Mendoza. Robert lo explica con piezas en la mano, pasión en la voz y una claridad que solo da la experiencia. “Rompí el motor siete veces hasta que entendí por qué. Y cuando lo entendí, no paré más”, confiesa. Desde entonces, armó más de 50 motores, preparó autos para picadas, drift y hasta el Rally Mundial. Todo sin haber estudiado mecánica, solo con la herencia del taller y una obsesión por hacerlo bien.
Su auto más icónico —una RX7 FD blanca de 1996— lo llevó al sanatorio cuando nació su hija. Lo vendió, se arrepintió, y lo volvió a comprar. Lo armó, lo desarmó, lo potenció y lo dejó listo para correr. Pero más que un proyecto, es una extensión de su historia. “Podía tener un Porsche, pero la felicidad que me da la RX7… no la cambio por nada”. Y sí, puede que no sea el auto más caro, pero es el más querido. Y eso, en el mundo fierrero, vale más que los caballos de fuerza.
Rotary Brothers no es solo un garage: es un archivo de locura mecánica, un monumento al detalle, y una invitación a redescubrir los autos no como objetos, sino como cápsulas de tiempo. El motor puede ser raro, pero la pasión es universal. Y si alguna vez ves pasar una RX7 que suena distinto, es probable que venga del taller donde los sueños giran en tres rotores.
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