Hay una parte del deporte que no se ve. La que ocurre después del partido, en el vestuario, en una camilla o en silencio, cuando el cuerpo ya dio todo. En este nuevo capítulo de Bardo Deportivo by Lila, charlamos con Colo Bertona, médico de Gimnasia y Esgrima de Mendoza, y Rodrigo Araya, kinesiólogo y ex director de Alto Rendimiento, para entender qué pasa cuando el cuerpo dice basta, cómo se cuida un plantel profesional y por qué prevenir vale más que cualquier victoria.
“Una de las lesiones más comunes hoy es por sobreuso. No se lesiona el que quiere, sino el que puede”, dice Araya. El problema no es solo hacer deporte, sino cómo lo hacemos. Muchos arrancan el gimnasio en agosto para llegar bien al verano, sin chequeo previo ni planificación, y ahí empiezan los problemas: desgarros, dolores de rodilla, lesiones crónicas. La falta de apto físico, las zapatillas incorrectas o incluso los pisos pueden ser detonantes invisibles que después se pagan con meses de recuperación.
En el deporte profesional, la mirada médica es cada vez más integral: chequeos cardiológicos, traumatológicos y análisis para dar el alta. Pero en el mundo amateur o recreativo, la historia es otra. “La gente va al nutricionista y empieza a correr sin saber si puede. Y ahí aparecen los problemas. Lo básico es un chequeo y un plan”, explica Bertona. Lo mismo ocurre con las readaptaciones: volver a entrenar no es lo mismo que volver sano. El alta médica no siempre es alta deportiva.
También se habló de doping, calzado, vendajes, infiltraciones y hasta del auge del pádel y sus lesiones más frecuentes. Entre consejos, mitos y verdades, quedó claro que entrenar no es solo mover el cuerpo: es entenderlo. Desde cómo pisás hasta qué zapatilla usás, todo tiene impacto. “Hoy los ejercicios más aburridos son los que te salvan de una operación de cruzado”, soltaron entre risas, pero con verdad clínica detrás.
Bertona y Araya cerraron la charla con una certeza: no se trata de evitar el deporte, sino de hacerlo mejor. “El cuerpo tiene memoria. Si lo cuidás, te responde. Si lo apurás, te pasa factura.” Y esa factura puede ser una rodilla, un hombro o, peor, la renuncia a seguir jugando. Porque lo importante no es llegar al domingo… sino llegar bien
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