Emmanuel Horvilleur llegó a BARDO con toda su vibra relajada y su mirada aguda sobre la música, el arte y la vida. Nico Frid se sentó con uno de los grandes referentes del pop argentino y la charla fluyó como un buen vino mendocino. Una conversación que fue desde lo personal hasta lo generacional, sin perder nunca la esencia de lo grande.
En la charla, Ema compartió detalles del esperado documental sobre Illya Kuryaki, una especie de vino de guarda que viene macerando desde hace tiempo. Más que un repaso de su historia con Dante, promete ser un retrato del contexto de una época: esa en la que el dúo rompió estructuras con actitud y sonido. Horvilleur también habló de su conexión con la moda y su ojo crítico sobre ciertas estéticas pasadas. Desde su infancia entre producciones fotográficas hasta su devoción por los bigotes bien puestos, quedó claro que su estilo no es casualidad: es una decisión artística, como sus canciones.
Cuando le preguntamos si se consideraba bardero, la respuesta fue sincera: SI. Pero siempre con esa regla no escrita de “hacer quilombo sin cagarle la vida a nadie”. Un bardo con conciencia, que también se coló en la música de Kuryaki y en sus días como skater. Porque a veces hay que sacudir estructuras… sin romper el escenario.
- ¿Sos la disco? – «Yo soy la disco», respondió sin dudar. Porque para Emmanuel, la música es religión y el escenario, un ritual colectivo. Una charla íntima, honesta y con ese toque descontracturado que solo aparece cuando hay conexión. Esta vez, La Nave fue el centro donde el pop, la nostalgia y la risa se encontraron en un mismo beat.
