Esta semana, en una nueva edición de Bardo presentada por Lila, recibimos a Francisco Torres, impulsor de Los Cullis, un equipo mendocino de rugby inclusivo que crece cada año. Desde 2017, este proyecto pionero trabaja bajo la modalidad mixability, donde conviven jugadores con y sin discapacidad. Entrenan todas las semanas, y ya cuentan con más de 50 chicos entre el equipo principal y los «mini Cullis», una categoría pensada para los más pequeños que recién se inician en el deporte.
El equipo no solo entrena: también compite, viaja y participa de encuentros nacionales e internacionales. Este año, una delegación de cuatro jugadores (dos varones y dos mujeres) viajará a España para representar a Argentina en el Mundial de Rugby Inclusivo, integrando el seleccionado nacional Pumpas XV. Pero, como todo lo amateur en nuestro país, el sueño se financia a pulmón. Por eso, desde Los Cullis están en plena campaña para conseguir sponsor, difundir su causa y sumar manos solidarias.
Más allá del desafío deportivo, Francisco dejó en claro que el verdadero valor de Los Cullis está en la transformación personal de los jugadores. “Hay un antes y un después de entrar en contacto con ellos”, confesó. Las barreras, explicó, no las ponen los chicos, sino los prejuicios del entorno. Por eso, en cada entrenamiento buscan trabajar con exigencia, sin sobreprotección, para que los chicos se esfuercen, aprendan, fallen, repitan y se superen. Como en cualquier equipo. Como en cualquier vida.
Sin embargo, el camino no es fácil. Conseguir partidos, clubes que los reciban o recursos para sostener el año entero sigue siendo un esfuerzo constante. “Lo que más nos cansa es tener que pedir por cosas que deberían ser naturales”, dijo Francisco, refiriéndose a la falta de oportunidades igualitarias y al desgaste que implica pelear por cada espacio. Aun así, el equipo no baja los brazos: quieren seguir creciendo, formar entrenadores, y asegurarse de que Los Cullis perduren más allá de quienes hoy lo lideran.
Porque si hay algo que dejan claro los Cullis, es que la inclusión no es un concepto, es una práctica. Y que cuando se combina con entrega y trabajo en equipo, no hay sueño —ni mundial— que quede tan lejos.
