De etiquetar a mano los frascos cuando tenía 9 años a dirigir una empresa con más de 3 millones de unidades proyectadas para este año. Dani Cantautas, hija de la fundadora de Sandra Marzán, cuenta cómo se transformó un proyecto familiar en una de las fábricas de fragancias más grandes de Cuyo.
Hay historias que arrancan con una idea, y otras que empiezan con un aroma. La de Dani Cantautas tuvo un poco de ambas. “Mi mamá siempre cuenta que yo era la que tenía buena letra, así que me ponían a escribir las etiquetas de los perfumes a mano”, recuerda. Hoy, con 32 años, es la gerenta general de Sandra Marzán, empresa que nació con el perfume de una toalla envasada al vacío en un hotel mendocino, y que hoy produce colonias, aerosoles, aromatizadores y dupes de perfumes internacionales para todo el país.
El salto no fue inmediato. Primero vinieron los años de venta directa, inspirados por el modelo de Mary Kay, con miles de revendedoras golpeando puertas. “Hubo mujeres que nos agradecieron porque gracias a nuestros productos pudieron pagar la facultad de sus hijos o comprarse un auto”, dice Dani. Pero la nueva generación propuso una transformación: menos comisiones, más eficiencia y una red de distribución profesionalizada. “Pasamos de 7.000 revendedores a 500 distribuidores. Hoy producimos hasta las 10 de la noche para cubrir la demanda”, cuenta con orgullo.
La clave, según Dani, fue animarse a cambiar cuando todo indicaba que había que esperar. “En medio de la crisis, decidimos bajar los precios. Fue una apuesta arriesgada, pero queríamos ser competitivos. Teníamos fe de que iba a mejorar, y así fue: el primer trimestre superó nuestras proyecciones”. Esa mezcla de intuición, riesgo y olfato no solo aplica a las finanzas, también a las fragancias. “Nos llegan hasta 15 muestras de una misma esencia. Las olemos, probamos, elegimos. No somos perfumistas, pero somos narices entrenadas”, explica.
Dani también habló del desafío de ser joven y mujer en una industria dominada por hombres. “A veces tenés que ponerte firme en lugares donde no te dan espacio. Hay empresarios que ni te miran cuando hablás. Me tocó prepararme el doble: estudié, me capacité, y aprendí a hacerme escuchar”. Pese a todo, valora el camino que abrió su madre y la confianza que su familia depositó en ella: “En una reunión les dije que quería ser gerenta general en cinco años. A los seis meses me entregaron la llave”.
Hoy, Sandra Marzán proyecta vender 3 millones de unidades al año y abrir nuevos puntos de venta en el país. “Queremos crecer, pero sin perder lo esencial: que cada perfume tenga algo de historia, algo de calle, algo nuestro. Como cuando mamá salía con el baúl lleno y volvía con el auto vacío”, dice Dani. Y en su voz todavía queda algo de esa nena que etiquetaba frascos y soñaba con fabricar un aroma que dure para siempre.
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