En un nuevo episodio de Fondo de Comercio, el programa de Bardo conducido por Juanma y Ángel, los oyentes tuvieron la oportunidad de conocer la historia detrás de Alma de Helado , una exitosa heladería mendocina que combina pasión, esfuerzo e innovación en cada uno de sus sabores. Gastón Linale, dueño del negocio junto a su esposa Gabriela, compartió los desafíos de emprender en el competitivo mundo del helado artesanal en Argentina y los secretos detrás de su marca.
La historia de Alma de Helado comenzó como un sueño compartido por Gastón y Gabriela durante más de 27 años. Aunque tuvieron otros negocios, como una panadería, nunca perdieron de vista su meta: abrir una heladería propia. “Siempre quisimos tenerla, pero era un rubro muy difícil, con altos costos iniciales por la maquinaria, que además es importada y costosa”, explicó Gastón.
Fue durante la pandemia que decidió dar el salto: “Sentimos que era el momento. Teníamos 50 años, estábamos cansados de nuestros trabajos y decidimos que era ahora o nunca”. La pareja recorrió el país buscando máquinas usadas y comenzó su emprendimiento de manera artesanal, fabricando helado sabor por sabor en ollas.
Desde el principio, Gastón tuvo claro que Alma de Helado debía destacar por la calidad y autenticidad de sus productos. Usan ingredientes frescos y naturales, sin colorantes ni esencias, y se aferran a la tradición en la elaboración: “Queríamos un helado que te haría cerrar los ojos y saber qué sabor estás probando, sin necesidad de verlo”.
Además, apuesta por sabores poco convencionales como zanahoria, naranja y jengibre, o mango con maracuyá, junto con clásicos renovados como el popular Doble de Riesgo (crema de coco con chocolate blanco). Este último surgió como respuesta a las dificultades para importar ingredientes italianos, mostrando cómo la creatividad puede superar los obstáculos.
Montar una heladería en Argentina no es tarea sencilla. Gastón detalló los altos costos iniciales en maquinaria especializada, la necesidad de un espacio de producción adecuado y la importancia de ofrecer un producto fresco y de calidad. En su caso, fabrican alrededor de 500 kilos de helado por semana, asegurando que cada lote sea consumido en menos de siete días.
Otro de los retos fue abrir dos locales en la misma calle, algo poco convencional. Sin embargo, esta decisión permitió captar diferentes públicos, convirtiendo a ambos puntos de venta en espacios exitosos y complementarios.
La historia de Gastón y Gabriela no solo inspira por su espíritu emprendedor, sino también por su dedicación a la excelencia. “Hacemos el helado que nos gustaría encontrar en cualquier lado”, afirma Gastón, quien considera que lo artesanal y auténtico es clave en un mercado donde algunas marcas han optado por la industrialización, perdiendo calidad en el proceso.
Para ellos, cada sabor es una muestra de su compromiso con los clientes. Desde el clásico sambayón, elaborado con huevos frescos, hasta la polarizante menta granizada , Alma de Helado se ha convertido en un referente para los amantes del helado artesanal en Mendoza.
Este episodio de Fondo de Comercio dejó una lección clara: emprender requiere valentía, creatividad y un profundo amor por lo que se hace. Gastón y Gabriela son un ejemplo de cómo convertir un sueño en una realidad deliciosa.
