En Fondo de Comercio nos metimos de lleno en la fiebre del pádel, un rubro que en los 90 fue furor, cayó en el olvido y hoy vuelve con más fuerza que nunca. Para entender por qué se multiplican las canchas, charlamos con Nicolás Ferrer y Pablo Carona, dueños de H Club, un espacio que mezcla deporte, gastronomía y comunidad.
Ellos arrancaron como jugadores y terminaron invirtiendo miles de dólares en canchas de pasto sintético, vidrios de 12 mm y un club que abre casi de sol a sol. “Una sola cancha no es rentable. El punto de equilibrio está recién entre tres y cuatro”, confesaron, dejando en claro que la pasión no alcanza: acá también hay que hacer bien los números.
Montar un complejo no es poca cosa: terrenos amplios, estacionamiento, restaurant y la famosa inversión inicial que ronda los 25 a 32 mil dólares por cancha. Pero la demanda acompaña: turnos que se agotan, fanáticos que juegan hasta la 1 de la mañana y un negocio que, aunque tarda en recuperar la inversión, logra sostenerse desde el primer mes.
Más allá de los ladrillos y el césped, el secreto está en la experiencia. “No queríamos solo canchas, queríamos un club. Un lugar donde te quedes después de jugar, te bañes, tomes algo y te sientas parte”, explicaron. Por eso sumaron restaurante, terraza para eventos y hasta casamientos en el predio.
La conclusión es clara: el pádel volvió para quedarse, pero no cualquiera puede entrar. Si vas solo por la plata, quizás haya negocios más rápidos. Pero si lo tuyo es mezclar pasión, inversión y comunidad, el pádel puede ser un juego que vale la pena.
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