En Max Capital le dimos vuelta el micrófono a nuestro propio anfitrión: Tomás, presidente de la compañía, que pasó de ser “ese pibe que no era muy estudioso” a liderar una de las firmas financieras más sólidas de la región. Una charla íntima, cargada de anécdotas, donde se mezclaron los 90, la adrenalina de emprender y la visión de futuro.
El recorrido no fue lineal. Tomás contó cómo su paso de la economía a las finanzas estuvo marcado por la curiosidad y por animarse a probar en un mundo que parecía reservado para pocos. “La diferencia entre quedarse cómodo o crecer está en animarse a equivocarse”, reflexionó, dejando claro que el riesgo siempre fue parte de su ADN.
Otro de los ejes de la charla fue la llegada de la inteligencia artificial al mundo bursátil y cómo esta herramienta ya está cambiando la manera en que se analizan los mercados. Para Tomás, no es un reemplazo, sino un aliado estratégico: potencia el trabajo humano y abre caminos impensados para quienes se animen a usarla.
También hablamos del estigma del “empresario garca”, ese prejuicio que persigue al que decide emprender en Argentina. Lejos de esquivar el tema, Tomás fue claro: el verdadero valor de una empresa no está en la guita que genera, sino en la capacidad de armar equipos con talento y darles espacio para crecer.
Con una mirada crítica sobre el empresario mendocino, el futuro del mercado financiero y el rol de Max Capital en la región, quedó claro que para Tomás liderar nunca fue solo cuestión de números. “El juego no es la guita: es trascender”, cerró. Y con esa frase, dejó planteado lo que guía cada decisión: construir algo que vaya más allá de lo inmediato.
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