En el debut de Bardo Deportivo en Canal Bardo, Marcelo Lucero, gerente del Club Maristas, y Adrián Formosel, presidente del Club Banco Nación, abrieron una ventana a los desafíos de los clubes deportivos mendocinos. En un cruce sincero de realidades contrastantes, Lucero y Formosel expusieron las luchas, el esfuerzo diario y la pasión que comparten en su compromiso con el deporte en una provincia donde la supervivencia de los clubes es una verdadera hazaña.
Lucero, quien llegó a Maristas a través de un proceso de selección en LinkedIn, explicó que su rol como gerente permite una administración profesional, lo que ayuda a mitigar problemas típicos en la gestión de los clubes tradicionales. Con 1600 socios, el Club Maristas opera bajo una estructura empresarial con ingresos diversificados que incluyen patrocinadores y membresías. Sin embargo, aunque el 30% de su presupuesto proviene de patrocinadores, la cifra aún está lejos de cubrir los gastos. La gerencia de Lucero se encarga de coordinar desde el cronograma de entrenamientos hasta el mantenimiento de las instalaciones, siempre al servicio de una institución que apuesta por la expansión deportiva a pesar de los desafíos.
Por su parte, Formosel describió una realidad mucho más complicada en el Club Banco Nación. A diferencia de los maristas, el Banco Nación no cuenta con la misma estructura de ingresos y depende principalmente de la cuota de sus 800 socios para sostener una operación que incluye múltiples disciplinas deportivas como futsal, vóley, básquet, hockey y fútbol. Sin embargo, la escasez de fondos es solo el comienzo de sus dificultades. Ubicado en una zona con altos niveles de inseguridad, Formosel comentó que los empleados y socios del club enfrentan robos constantes y hasta situaciones peligrosas, como la irrupción de personas en pleno juego para sustraer pelotas y otros materiales deportivos. «El club se ha convertido en una zona liberada», explicó, enfatizando que la seguridad es una lucha diaria en la que ni siquiera el cierre perimetral parece ser una barrera efectiva.
A pesar de los obstáculos, tanto Lucero como Formosel coinciden en la importancia de mantener sus clubes en pie, no solo como espacios deportivos, sino como un refugio y lugar de pertenencia para sus miembros. La conversación en Bardo Deportivo muestra cómo, detrás de cada partido, hay un esfuerzo silencioso para sostener los valores y la historia de cada club, enfrentando con entereza la falta de recursos y las amenazas externas.
Así, entre anécdotas y datos duros, el primer episodio de Bardo Deportivo saca a la luz una verdad cruda sobre los clubes de Mendoza: la subsistencia de estas instituciones no se mide solo en términos de ingresos o logros deportivos, sino en la capacidad de sus líderes para sobrellevar una compleja realidad social y económica.
