En este episodio de Bardo Deportivo by Lila, conocemos la historia de Mateo Catracchia, un chico mendocino de 14 años que enfrentó al Sarcoma de Ewing, un tipo de cáncer óseo que cambió su vida… pero no sus ganas de jugar, reírse ni soñar. Su testimonio es una lección de coraje, empatía y amor por el deporte.
Mateo fue diagnosticado a los seis años, cuando apenas empezaba a descubrir el hockey. Lo que siguió fueron años de tratamientos, internaciones y una cirugía que le reconstruyó la pierna. “No me acuerdo mucho del dolor, pero sí de las ganas que tenía de volver a jugar”, cuenta, con esa madurez que solo tienen los que aprendieron a pelear antes de tiempo.
Durante el proceso, sus amigos se raparon para acompañarlo. Ese gesto simple, pero inmenso, se convirtió en símbolo de unión y fuerza colectiva. “Cuando los vi, me reí. No podía creer que lo hubieran hecho por mí”, recuerda entre sonrisas. En ese momento entendió que el juego también puede ser una red: la que sostiene, la que empuja, la que nunca deja solo a nadie.
Hoy, Mateo volvió al deporte. Entrena, compite y disfruta de cada movimiento como si fuera un gol en el último minuto. Su historia no es solo de superación, sino de reencuentro con la vida: con su cuerpo, con sus amigos y con la cancha. “A veces me canso, pero sigo. Porque me hace feliz”, dice.
En tiempos donde ganar suele confundirse con no perder, Mateo enseña otra versión del triunfo. La que se mide en sonrisas, en valentía y en el simple hecho de seguir jugando. Porque al final, como él demuestra, el corazón de un jugador siempre late más fuerte que cualquier golpe.
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