En Bardo by Chester hablamos con Ale Dovidio, cirujana especialista en cirugía mamaria, que nos contó la verdad detrás de los implantes: los riesgos, el controvertido Síndrome de Asia y por qué 1 de cada 5 cirugías que realiza hoy es para quitar los implantes.
“Todos los que tenemos implante mamario deberíamos hacernos una ecografía una vez al año, no solo la mamografía”, advierte la doctora Ale. Con años de experiencia en quirófano, asegura que hoy una gran parte de su trabajo no pasa por colocar implantes, sino por quitarlos: “Una de cada cinco cirugías que hago es para retirar las prótesis”.
La médica explica que no todo es tan simple como se piensa: hay factores que van más allá de la estética. “Las cápsulas tienen una garantía, pero el cuerpo no”, dice entre risas, aunque su tono es serio. Con la irrupción del llamado Síndrome de Asia, un cuadro autoinmune que algunas pacientes desarrollan tras la colocación de implantes, Ale comenzó a ver un cambio en las consultas: “Tuve una paciente con esa enfermedad y el día que le explantamos, cambió. Literalmente cambió su vida.”
Entre mitos, miedos y decisiones difíciles, Dovidio deja en claro algo que muchos desconocen: “Si vas a introducir algo a tu cuerpo, tenés que saber qué es”. La frase, que suena casi obvia, expone una realidad poco hablada: todavía hay mujeres que no saben qué tipo de prótesis tienen ni cuándo deberían controlarlas. “Hay distintos tipos de materiales, densidades y texturas, y no todos reaccionan igual en cada organismo.”
Sobre la duración de los implantes, Ale es categórica: “Hoy ya no duran para toda la vida. Todos los años hacemos controles porque el cuerpo cambia, y el implante también.” La buena noticia es que la tecnología avanza: “Ahora vienen algunos con chip, lo que permite identificarlos fácilmente en los estudios.” Una herramienta que suma transparencia y seguridad a un tema que, históricamente, se trató con demasiados silencios.
En un país donde hablar de cirugía estética sigue generando prejuicios, la mirada de Dovidio resulta tan técnica como humana. “No se trata de demonizar los implantes”, aclara, “sino de informar. El problema no es ponerse o sacarse, sino hacerlo sin saber.” Y en tiempos donde la belleza se mide en filtros y likes, su mensaje suena como una advertencia —y una invitación— a mirar el cuerpo con más conciencia que moda.
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