Volvieron a Mendoza y, como ellos mismos dicen, no es casualidad. Koino Yokan se presentó otra vez junto a Gauchito Club en un show que ya tenía destino de fiesta asegurada. Un año después de haber compartido el mismo escenario, la banda regresó con más experiencia, nuevos temas y la certeza de que la música tiene algo de magia que los sigue uniendo.
Entre risas y confesiones, contaron cómo cambió todo en este tiempo: “Estamos más viejos, presumiblemente más maduros, con más experiencia. La otra vez vinimos acústico, ahora vinimos con la banda entera, va a ser diferente el show y va a estar buenísimo”. El salto de tocar para 80 personas en un bar a hacerlo frente a 2000 en un venue agotado habla por sí solo.
La charla también dejó espacio para lo personal: la paternidad, las giras y el desafío de equilibrar todo sin perder el disfrute. “Es un poco más intenso, porque hay que arreglar muchas cosas en casa, pero es mi trabajo. Tratamos de acomodar todo para que estemos bien como familia y también como banda”. Esa mezcla de vida y escenario parece ser parte de su motor creativo.
El vínculo con Gauchito Club es otro capítulo clave. “Son unos divinos, creemos que comparten con nosotros lo mismo: lo que importa es el mensaje. Por eso somos un buen match”, dijeron sobre la amistad y camaradería que se fue armando en escenarios y festivales. La química arriba y abajo del escenario demuestra que no hay casualidad en estas juntadas.
Más allá de lo concreto, Koino Yokan evita proyectar con fechas o lugares específicos. Prefieren sostener la esencia: “No me gusta proyectar cosas tan concretas como dónde tocar, sino más bien que nos esté yendo bien, que estemos bien nosotros. Amamos la música, hacer canciones, y poder convivir con eso es una bendición muy grande”
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