En este episodio recibimos a Adrián Lacroix, uno de los ilusionistas argentinos más grosos del momento, famoso por haber llevado la magia al streaming en plena pandemia y volarle la cabeza hasta a Copperfield y Blaine. Con su estilo cercano y un aire de misterio constante, Lacroix demuestra que la ilusión puede reinventarse incluso a través de una pantalla.
La charla mezcló risas, anécdotas y trucos que nos dejaron con la mandíbula en el piso. Entre preguntas y asombro, soltó una frase que define su manera de ver el oficio: “La magia no está en el truco, está en la reacción de la gente”. Para él, más que engañar, se trata de generar momentos que queden grabados en la memoria.
Lacroix contó cómo empezó a experimentar con shows virtuales, un terreno donde nadie sabía si la ilusión podía sobrevivir al filtro de la cámara. Y no solo sobrevivió: logró que su magia se volviera viral y llegara a públicos que nunca hubieran visto un show en vivo. Ese riesgo lo convirtió en referente de una nueva era.
También hablamos de la delgada línea entre tecnología y magia: ¿cuánto hay de software, cuánto de ingenio y cuánto de pura sugestión? Lacroix juega con esa ambigüedad, y es ahí donde aparece el verdadero impacto: el espectador nunca sabe si lo que pasó frente a sus ojos fue posible o simplemente inevitable.
Un episodio donde lo imposible se vuelve cotidiano y lo cotidiano, imposible. Porque con Adrián Lacroix queda claro que la magia no murió con los conejos y las galeras: se transformó, se metió en Zoom, en Instagram y en nuestras cabezas. Y lo mejor de todo es que todavía no entendemos cómo lo hace.
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