En este episodio de Roster nos metimos en el mundo del vino, pero no desde la solemnidad del sommelier, sino desde la irreverencia que nos caracteriza. Porque hablar de etiquetas con onda, tragos que se van de mambo y anécdotas que arrancan con “solo una copa” es tan válido como cualquier cata profesional.
Entre risas y copas, salió el tema de lo difícil que es sacarle el corset al vino. “El vino tiene que ser disfrute, no un examen de universidad”, tiró uno de los invitados, desafiando la idea de que hay que saber de cepas, terroir y notas de cata para poder levantar una copa. El vino, al final, es compañía, excusa y, a veces, hasta quilombo.
También hablamos de cómo las bodegas están cambiando el juego: etiquetas que parecen obras de arte, vinos pensados para los más jóvenes y propuestas que buscan escaparle al estigma de “bebida seria”. Lo mismo con los tragos que combinan vino con otros ingredientes: herejía para algunos, frescura para otros.
Las anécdotas no faltaron: desde la clásica de “iba a tomar solo una copa” hasta noches que terminaron en blackout colectivo. Y ahí también aparece la enseñanza: el vino no solo se bebe, también se vive, y cada experiencia —sea un Malbec top o un tetra compartido— deja su marca.
Un episodio distinto, divertido y necesario para entender que el vino no tiene dueño. Que podés disfrutarlo en copa de cristal o en vaso de plástico, con música chill o con cumbia. Porque lo único que importa es lo mismo que dijo el invitado: que sea disfrute, y nada más.
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