En un país donde la incertidumbre parece parte del desayuno, Matías Cerda nos invita a pensar la ansiedad desde otro lugar. Psicólogo del Instituto de Psicología Basada en Evidencia (IPBE), trae herramientas reales —sin humo ni frases de taza— para vivir más en el presente. Hablamos de mindfulness, sí, pero no como sinónimo de relajación, sino como una práctica para aprender a estar con lo que hay. Porque a veces, el problema no es la ansiedad, sino todo lo que hacemos para sacárnosla de encima.
“La ansiedad es una alarma natural. El tema es que somos el único animal que puede inventarse amenazas que no existen. Ahí empieza el lío”, explica Cerda. En la charla, desarma esa idea de que el problema es sentirnos mal: lo realmente problemático es cuando dejamos de hacer cosas importantes para evitar sentirnos mal. Como el ejemplo de la persona que golpea palitos para alejar leones en un pueblo donde no hay leones. “¿Cómo le explicás que no hace falta seguir golpeando?”, se pregunta.
Durante la entrevista, surgieron formas cotidianas de evasión que disfrazamos de autocuidado: desde no ir al gimnasio por miedo a un síntoma físico, hasta evitar reuniones con amigos “porque estoy cansado”, cuando en realidad es la ansiedad la que manda. “No nos importa tanto qué hacés, sino para qué lo hacés. Si estás yendo al gimnasio para no pensar, probablemente ahí haya un problema”, dice Cerda. Es un recordatorio incómodo, pero necesario: la evasión también puede tener buena prensa.
La propuesta, entonces, no es eliminar la ansiedad sino empezar a convivir con ella. Exponernos, aunque dé miedo. Tomar nota de nuestros “¿y si…?” diarios y ver qué pasa si no los evitamos. ¿Y si llamo en vez de pedir por app? ¿Y si voy a esa juntada aunque me incomode? Cerda propone: “Dejemos de tratar a nuestros pensamientos como si fueran verdades. Empecemos a verlos como hipótesis que podemos testear”.
Porque quizás la calma no sea un lugar al que se llega, sino un estado que se entrena. Y si hay algo que quedó claro en esta charla es que vivir con ansiedad no tiene por qué ser sinónimo de vivir mal. Hay formas de habitarla sin que nos lleve puestos. Y sí, incluso en este país.
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