Del frío a la cima: la historia del empresario que convirtió Friolatina en un motor del país.

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En este nuevo capítulo de Bardo Financiero junto a Max Capital, nos visitó Gustavo Bernardi, fundador de Friolatina, una de las empresas más grandes de soluciones térmicas y cámaras frigoríficas del país. Nos comentó acerca del manejo de la industria, su visión a largo plazo y cómo es construir una empresa que crece sin hacer ruido… pero que sostiene a medio país.

Negocio real, industria pesada y cabeza empresarial. La historia de Friolatina empieza como muchas otras: con un padre que trabajaba sin descanso y dos hijos que crecieron entre herramientas, frío y esfuerzo. Pero lo que vino después no fue común. Gustavo y su hermano Ariel dejaron la carrera de ingeniería y se metieron de lleno en el taller familiar. Aprendieron en la cancha, olfatearon oportunidades y se animaron a algo que pocos hacen: pensar a lo grande desde Mendoza. Hoy lideran un grupo de empresas que fabrica, exporta y construye a escala nacional e internacional. Y lo hacen con una identidad que mezcla humildad, precisión y visión.

La charla recorrió hitos increíbles: cámaras de frío para McCain, la planta más grande de Grido, estructuras enviadas para satélites de ARSAT, y hasta una licitación en Afganistán donde capacitaron a técnicos locales… ¡en pastú! Friolatina no solo fabrica paneles, arma sistemas o vende soluciones térmicas. También crea equipos humanos que viajan a lugares impensados con una bandera argentina y una lógica clara: si no existe el camino, se lo construye.

Pero lo que más resuena en Gustavo no es la escala, sino la forma. Una empresa no se sostiene solo por tecnología, sino por la gente. Por la confianza, el compromiso y el sentido de comunidad que se construye día a día. Lejos del estereotipo del empresario garca, Bernardi muestra otra cara del juego: la del que arriesga, invierte, innova y, sobre todo, genera laburo genuino. Una historia que no se ve en los diarios, pero que sostiene miles de otras.

“Hay que hacer más bardo”, dijo al final de la charla. Y no hablaba de quilombo: hablaba de ruido con propósito. De contar lo que se hace bien. De mostrarse. De inspirar. Y sí el bardo es esto —trabajo real, visión a largo plazo y ganas de transformar— entonces que venga más. Porque en este país hay quienes se la juegan en serio, y Gustavo Bernardi es uno de ellos.

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