¿Qué pasa cuando la carrera deportiva llega a su fin? ¿Cómo se transita el después del alto rendimiento? ¿Qué herramientas nos deja ese camino para enfrentar nuevos desafíos? En este nuevo episodio de Bardo por Lila, conversamos con Eusebio Güñazú, ex Puma, entrenador, empresario y creador de un sinfín de “unidades de negocio” que nacen de la curiosidad y la necesidad de reinventarse. La vida después del rugby, lejos de ser un epílogo, se convirtió para él en una multiplicación de comienzos.
La charla arrancó en terreno conocido: el rugby, la táctica, las patadas cruzadas y los partidos que dejaron huella. Pero pronto nos llevó hacia algo mucho más profundo: el proceso de mirarse cada lunes para mejorar, de revisar el rendimiento personal con brutal honestidad. «Vos todos los lunes te ves jugar solo, con todas tus acciones. Es horrible, pero es el ejercicio que te da resiliencia para mil cosas en la vida», contó. En ese entrenamiento mental permanente se esconde una clave: aprender a perder sin acostumbrarse a hacerlo.
Güñazú también habló del retiro, de lo abrupto del cambio, y de lo poco que se prepara a los deportistas para esa transición. A los 34 años, cuando la mayoría empieza a estabilizar su vida profesional, él tuvo que reinventarse. Hoy lidera empresas de tecnología láser que trabajan con aeropuertos para el control ecológico de aves, proyectos de vitivinicultura con excompañeros de los Pumas, y emprendimientos de recursos humanos que exportan talento argentino al mundo. “Pasás de un lugar de muchísima seguridad a uno donde no sos un experto en nada. Ahí también hay que saber jugar”, reflexionó.
Entrenar, emprender, crear. Su presente es un collage de proyectos que no responden a una sola etiqueta, pero que tienen en común la lógica de equipo, el hábito de revisión y la pasión por aprender. Si bien afirma que hoy disfruta mucho más su vida actual que la de deportista profesional, confiesa que ser entrenador es lo que más le mueve el piso. “Pensar cómo aprende otro me hizo darme cuenta de que yo también puedo aprender cualquier cosa si entiendo cómo funciono”, compartió, con esa humildad de quien no se cree gurú, pero sí aprendiz permanente.
El recorrido inspirador de Eusebio nos deja una idea que trasciende al deporte: que las transiciones también pueden ser inicios. Que el rendimiento puede medirse más allá del resultado y que la consistencia, ese concepto que repitió como mantra, no solo sirve para ganar partidos, sino también para construir una vida con propósito. “Hay que saber perder para empezar de nuevo”, dijo. Y en ese nuevo juego, Eusebio no para de sumar puntos.
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