En este nuevo episodio de Bardo Fierros, el protagonista no fue un ícono argentino: el Ford Falcon. Junto a Sebastián García, representante de la filial mendocina del club nacional Fana Falcon, el equipo de Bardo exploró el fanatismo que despierta este modelo que supo ganarse un lugar en la memoria afectiva de miles de argentinos. “El Falcon está presente en la historia de mi familia: lo tuvo mi abuelo, lo tiene mi viejo y lo tengo yo. Es un legado”, contó Sebastián.
Fana Falcon nació en 2005 y hoy cuenta con filiales en casi todas las provincias del país. A diferencia de otros clubes, su espíritu es inclusivo: no hace falta tener un Falcon en perfecto estado para participar. “Somos un grupo de amigos con la excusa del auto. Tengas o no tengas Falcon, estás invitado a compartir”, afirmó Sebastián. Con más de 14 autos activos solo en Mendoza y encuentros nacionales que reúnen a filiales de todo el país, la comunidad crece año a año.
El Falcon, fabricado en Argentina entre 1963 y 1991, es recordado tanto por su robustez como por su versatilidad. “Se fabricaron más de 500.000 unidades. Hay repuestos, hay comunidad, hay historia”, explicó Sebastián, quien incluso comparó los costos de reparación con otros clásicos: “Hacer el motor de un Torino me salía el triple que el del Falcon”. Además de la mecánica accesible, la variedad de tapizados, combinaciones de colores y modelos le suman valor emocional a cada unidad.
Durante la charla, surgieron anécdotas que van desde cruzar los Andes en un Falcon hasta recorrer 1000 kilómetros con una caja de cambios prestada por otro miembro del club. “En cada viaje nos volvemos con un repuesto, una anécdota y un amigo nuevo”, resumió Sebastián. La mística del Falcon no solo se sostiene por su rendimiento, sino por la red de afectos y recuerdos que lo rodea.
Más que una pieza de colección, el Falcon es símbolo de resistencia, nostalgia y comunidad. Desde Fana Falcon, cada encuentro, cada repuesto compartido y cada viaje largo es una excusa para mantener viva una pasión que atraviesa generaciones. “Yo lo miro todos los días, aunque no lo saque del garage. Es más que un auto, es parte de mi historia”, concluyó Sebastián.
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