En una nueva entrega de Bardo Financiero, presentado en colaboración con Max Capital, el equipo recibió a Carlos Martín, empresario mendocino con una vasta trayectoria en el rubro automotriz. Concesionario de algunos de los negocios más importantes de la provincia, Martín repasó su historia personal, los valores que han guiado su crecimiento y los desafíos que implica la continuidad empresarial en una familia emprendedora.
La historia de los Martín en el mundo automotriz comienza con el padre de Carlos, quien, junto a sus hermanos y un cuarto socio, fundó la base del actual imperio. La infancia de Carlos estuvo marcada por el trabajo y el sacrificio. «Mi padre tenía 12 años cuando mi abuelo murió, dejando a siete niños a su suerte. Desde entonces, tuvo que salir a trabajar», relató. Mientras sus tíos se formaban como mecánicos en un taller, su padre trabajaba en un aserradero clavando cajones de fruta. De este inicio, según Martín, se forjó uno de los valores más importantes de la empresa: «El hambre por hacer cosas».
A los 25 años, su padre ya era gerente de un concesionario en San Martín, Mendoza, y junto con sus hermanos diversificó su actividad en estaciones de servicio, bodegas, ferreterías y otros emprendimientos. Carlos, por su parte, se formó como contador y comenzó su carrera en el mundo de la computación, hasta que, por circunstancias familiares, terminó involucrándose de lleno en la empresa.
Carlos Martín nunca pensó que terminaría en el negocio familiar. «Yo ni sabía lo que era un auto», confesó. Sin embargo, las circunstancias lo llevaron a involucrarse cuando falleció uno de los socios y hubo que tomar decisiones sobre el futuro de la empresa. «Empecé medio día, luego tres cuartos, hasta que fue tiempo completo», recordó. Pero su ingreso no fue sencillo: «Mi padre me dijo que el contador ya estaba cubierto, así que me mandó a vender planes de ahorro. Era 1983, plena inflación, y salir a vender autos a crédito era casi imposible». A pesar del desafío, la empresa se convirtió en líder en la venta de estos planes y forjó una clientela fiel que persiste hasta el día de hoy.
Martín destacó que los pilares de su empresa se basan en cuatro valores fundamentales: hambre, humildad, disciplina y empatía. «Mi padre, siendo concesionario, andaba en bicicleta para cuidar los recursos. Decía: ‘Siempre tiene que haber alguien que sepa más que yo’. Esa humildad marcó nuestra cultura», señaló. Además, hizo hincapié en la importancia de la disciplina, poniendo como ejemplo a Rafael Nadal, quien, siendo derecho, se entrenó para jugar con la zurda atándose la mano dominante. «Cuando te gusta lo que hacés y tenés humildad para aprender, la disciplina hace la diferencia».
Uno de los puntos más complejos en una empresa familiar es la sucesión. Martín vivió de cerca este desafío cuando su padre fue diagnosticado con leucemia. «Le dieron tres meses de vida, pero vivió cuatro años y medio. Ese tiempo fue crucial para ordenar la transición y definir los roles de cada integrante de la familia», contó. La situación se complicó aún más cuando, en un lapso de tres años, fallecieron los cuatro socios originales, dejando a una nueva generación al frente del negocio.
La clave, según Martín, fue establecer límites claros entre la familia y la empresa. «No es lo mismo ser heredero que ser sucesor. Hay que diferenciar el rol de la familia, los accionistas, los directores y los operadores». Comparó esta situación con la serie «Succession», que retrata los conflictos en una familia empresaria y el dilema de la continuidad del liderazgo.
Para ilustrar la importancia de una correcta sucesión, mencionó el caso de Sam Walton, fundador de Walmart. «Walton quería que todos tuvieran acceso a productos a bajo precio sin sacrificar calidad. Pero cuando delegó la conducción a un financiero, su legado se distorsionó», advirtió. En su experiencia, la transición debe planificarse con anticipación y no dejarse para el momento en que el fundador esté por retirarse.
Carlos Martín dejó un mensaje claro sobre la importancia de los valores en la construcción y continuidad de una empresa. «Mi padre tenía un lema: ‘Hay que entregar la posta limpia’. No podemos ser irresponsables y dejar desprotegida a la gente que depende de nosotros». Con una cartera de más de 60,000 clientes activos y una trayectoria de más de 250,000 autos vendidos, su historia es un testimonio de trabajo, aprendizaje y adaptación constante.
En el cierre de la entrevista, el conductor destacó: «Si quieren ver esta historia reflejada en la ficción, vean ‘Succession’. Si quieren verla en la realidad, escuchen a Carlos Martín».
