En el segundo episodio de El Bardo Deportivo, Tano Robles se adentró en el apasionante mundo del rugby mendocino junto a dos referentes destacados: Pablo Muñoz, presidente de Mendoza Rugby, y Pablo Castro, vocal de Liceo Rugby Club. La charla, cargada de anécdotas, reflexiones y retos, ofreció un vistazo profundo a la realidad de este deporte en la provincia.
Mendoza Rugby, fundado en 1927, se acerca a su centenario. Según Pablo Muñoz, el club enfrenta el reto de revitalizarse, manteniendo su legado mientras se adapta a las demandas actuales. “El rugby ha dejado de ser solo un deporte; ahora es un espacio social. Los padres no solo dejan a sus hijos en la práctica, también buscan actividades para ellos mismos”, señaló Muñoz. La diversificación de actividades como zumba, pádel y gimnasio refleja esta transformación.
Por su parte, Liceo Rugby Club ha experimentado un crecimiento meteórico desde que en 2001 inauguró su predio en Carrodilla. Hoy cuenta con 3.000 socios y más de 1.600 jugadores entre rugby y hockey. Pablo Castro destacó que este progreso responde a una planificación a largo plazo que, sorprendentemente, se quedó corta frente a la velocidad del crecimiento. “Nos encontramos con que en tres años superamos las expectativas de un plan de diez. Ahora somos el club con más jugadores en Mendoza”, comentó con orgullo.
Uno de los temas más sensibles abordados fue cómo superar los prejuicios asociados al rugby. Ambos dirigentes reconocieron que el deporte ha tenido que trabajar para combatir la imagen de exclusividad y elitismo. En este esfuerzo, la integración de nuevas familias, especialmente en barrios cercanos, ha sido clave.
Sin embargo, este crecimiento trae nuevos retos. “Antes, los valores del club se transmitían naturalmente entre generaciones de jugadores. Hoy llegan familias que no tienen antecedentes en el rugby, y nos toca inculcarles ese sentido de pertenencia desde cero”, explicó Castro. Este proceso incluye estrategias como involucrar a exjugadores para que compartan sus experiencias y refuercen los valores tradicionales, como el respeto y la camaradería, pilares fundamentales del tercer tiempo.
Muñoz y Castro coincidieron en que ser dirigente de un club amateur es una de las tareas más demandantes y menos reconocidas. “La gente no ve el tiempo y la dedicación que requiere. Llegás al club y siempre hay alguien esperando para hacerte un planteo o una crítica”, compartió Muñoz.
Ambos destacaron que, a pesar de los momentos ingratos, su pasión por el deporte y el club los impulsa a seguir adelante. “No lo hacemos por retribuciones, lo hacemos porque amamos el rugby y queremos que los chicos se formen en este ambiente”, afirmó Castro.
A diferencia de otros deportes como el fútbol, en los que el éxito en la cancha es crucial para el crecimiento institucional, el rugby mendocino ha demostrado que el sentido de comunidad y la formación integral de las personas son iguales de importantes. Aunque los resultados deportivos siempre son deseados, los clubes locales continúan creciendo y fortaleciendo sus bases sin depender exclusivamente de ellos.
En una provincia donde el fútbol domina la escena, el rugby mendocino se posiciona como un ejemplo de resiliencia, adaptación y compromiso con sus valores. A medida que Mendoza Rugby y Liceo Rugby Club enfrentan los desafíos del siglo XXI, su pasión y dedicación siguen siendo un motor fundamental para el desarrollo del deporte en la región.
