En el episodio cinco de Fondo de Comercio por Bardo, los emprendedores mendocinos Juanma y Ángel se sentaron a charlar con Roberto y Facundo Aguero, el dúo padre e hijo detrás de Bianco y Nero, una exitosa franquicia que nació en Mendoza y hoy expande su sabor a lugares tan lejanos como Perú, India y Brasil. Durante la entrevista, Roberto y Facundo revelaron los secretos que les permitieron transformar una pequeña chocolatería en una franquicia internacional, destacando hitos como la certificación B, la expansión del negocio y la relevancia de una transición generacional exitosa.
Roberto, fundador de Bianco y Nero, relató que la idea inicial de la chocolatería surgió en circunstancias difíciles: sin capital, con problemas de salud y un contexto familiar desafiante. Sin embargo, el apoyo de un amigo cercano y el deseo de innovar en el mundo del chocolate lo llevaron a dar los primeros pasos en Mendoza en 1992. Lo que comenzó como una pequeña producción de bombones en un local modesto en la calle Arístides Villanueva, pronto evolucionó hacia un proyecto ambicioso: Roberto quería posicionar a Bianco y Nero entre las mejores chocolaterías del mundo.
Años de esfuerzo y dedicación rindieron frutos. En 2015, Bianco y Nero fue reconocida en Londres como una de las 70 mejores chocolaterías del mundo, y la mejor de Argentina. Este reconocimiento llegó luego de un proceso de estudio, desarrollo de productos innovadores como chocolates para maridar con vino, y una fuerte apuesta a la calidad. «Yo siempre estudiaba y mejoraba cada detalle», relató Roberto, quien incluso aprendió los secretos del chocolate en Bariloche de la mano de una experta.
Pero el crecimiento no solo se midió en premios, sino también en un proceso de diversificación que impulsó a Bianco y Nero hacia los helados y las cafeterías. Facundo, quien asumió la dirección general en la última etapa de Bianco y Nero, explicó que este cambio fue clave para adaptarse a los gustos y necesidades de una clientela más amplia. La evolución de la marca fue natural: hoy en día, Bianco y Nero no solo ofrece chocolates, sino también una amplia gama de helados y un ambiente de cafetería que atrae a todas las edades.
Uno de los momentos clave de la entrevista fue cuando Roberto explicó por qué decidió dar un paso al costado y confiar la dirección general a su hijo Facundo. Para él, esta transición generacional fue un proceso que buscó asegurar la continuidad y el crecimiento del negocio en un mundo de cambios rápidos. Según Facundo, este paso fue fundamental para consolidar a Bianco y Nero como una franquicia sólida, capaz de expandirse con éxito más allá de las fronteras argentinas.
Otro hito importante en la historia de Bianco y Nero es la obtención de la certificación B, un reconocimiento a su compromiso con la sostenibilidad y el impacto social positivo. Esta certificación, que pocas empresas en el sector gastronómico poseen, respalda la visión de Bianco y Nero de ofrecer productos de calidad mientras se minimiza su impacto ambiental. «No solo se trata de hacer buenos productos, sino de hacerlos bien», mencionaron padre e hijo, quienes destacaron que esta filosofía les ha ayudado a conectar mejor con sus clientes.
La historia de Bianco y Nero es un ejemplo para los emprendedores que desean crear una franquicia exitosa y sostenible. Desde sus humildes comienzos hasta su expansión internacional, el crecimiento de esta chocolatería demuestra el poder de la perseverancia, la innovación y la planificación. «Hemos pasado por todo tipo de desafíos, pero cada uno nos ha enseñado algo valioso», concluyeron los Aguero.
Para todos aquellos que sueñan con convertir sus negocios en franquicias exitosas, la historia de Bianco y Nero es una lección de resiliencia y visión estratégica. Roberto y Facundo Aguero han demostrado que, con pasión y compromiso, una pequeña idea puede transformarse en un imperio internacional del sabor.
