En este episodio de Fondo de Comercio by Bardo, conocemos la historia detrás de El Predio, uno de los complejos de fútbol más conocidos de Guaymallén, contado por su creador, Diego Bulnes. Lo que empezó como un sueño entre amigos se transformó en un espacio que hoy reúne deporte, gestión y pertenencia: un emprendimiento donde el potrero se mezcla con la visión empresarial.
Diego recuerda los inicios con una sonrisa: “Arrancamos con una sola cancha, sin techo y con más ganas que recursos”. Con el tiempo, el proyecto creció hasta convertirse en un complejo con canchas de fútbol 5, 6 y 7, equipado para funcionar todo el año. Pero más allá de las instalaciones, su éxito radica en algo más simple y esencial: entender lo que el fútbol significa en el barrio.
Administrar un predio deportivo implica mucho más que abrir las puertas. Hay que mantener el césped, gestionar reservas, lidiar con horarios, lluvias, alumbrado y equipos rotos. “Tenés que amar lo que hacés —dice Diego—. Si no estás, se nota. El predio no es solo un negocio, es una energía que tenés que sostener.” Y agrega: “Acá la gente viene a jugar, pero también a charlar, a reencontrarse, a sentirse parte.”
La inversión inicial fue grande, y el mantenimiento sigue siendo un desafío constante. Sin embargo, Diego apuesta a la innovación: torneos, escuelitas, ligas femeninas y hasta eventos sociales que convierten al predio en un punto de encuentro. “El fútbol cambió —explica—. Hoy la gente busca comodidad, seguridad y un buen servicio. Si querés que vuelvan, tenés que ofrecer más que una cancha.”
El secreto, dice, está en la comunidad. En hacer del deporte un puente entre generaciones y barrios. “Podés tener el mejor césped, pero si no generás vínculo, no sirve”, resume. Su historia demuestra que un predio no se construye solo con cemento y pasto: se construye con pasión, constancia y la certeza de que el fútbol, cuando se juega bien, también se gestiona con el corazón.
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