En este episodio de LILA By Bardo, nos adentramos en una de esas historias que solo pueden nacer donde el aire escasea y la vida late distinto. Cacho Beiza —uno de los montañistas más grandes de la historia argentina— visita el estudio para hablar de su relación con las alturas, de lo que significa haber subido 61 veces el Aconcagua, recorrer el Himalaya y seguir soñando con conquistar el Annapurna, la montaña más peligrosa del mundo. Pero sobre todo, habla de lo que la montaña le enseñó sobre límites, miedo, humildad y propósito.
A lo largo de la charla, Cacho derriba mitos y revela lo esencial del montañismo: no se trata de valentía extrema, ni de una vida zen desconectada de la tierra. Se trata de disciplina, curiosidad y una profunda conexión con el entorno. “La montaña no es para cualquiera”, dice, dejando en claro que no se trata de elitismo, sino de temperamento. La montaña, para él, es un templo: un lugar que no perdona la soberbia y que obliga a respetar los tiempos, el silencio y las señales que da la naturaleza.
El episodio también revela sus momentos más crudos: noches en tormentas, descensos interminables, decisiones que pueden salvar vidas y situaciones en las que —como él dice— “no quiero tocarle los testículos al león”. Habla de guiadas en Everest y K2, del vértigo de los “embotellamientos” de escaladores y del desafío de decirle a una persona que debe darse vuelta a pocos metros de la cumbre. Para Cacho, el verdadero límite no lo marca la montaña: lo marca la cabeza.
Pero lo más conmovedor aparece cuando habla de subir con su hija. La describe como una experiencia única, una mezcla de responsabilidad, miedo, orgullo y emoción pura. Ella llegó a la cumbre cuando él creía que no iba a lograrlo: una demostración de que la montaña —como la vida— siempre sorprende. “Cada vez que veo el Aconcagua, nunca se hace más chico”, confiesa, como si esas 61 ascensiones fueran apenas un prefacio a lo que aún queda por descubrir.
La charla cierra con reflexiones sobre la muerte, el riesgo y el sentido de vivir con pasión. Para Cacho, el peligro no está en la montaña: está en cada esquina de la ciudad. La diferencia es que allá arriba todo se vuelve más honesto, más claro, más verdadero. “No es más riesgoso subir una montaña que salir de tu casa”, afirma. Y después de escucharlo, uno entiende que lo suyo no es un deporte: es una filosofía de vida.
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