En este nuevo episodio de Bardo Arquitectura, Luisa Yanzón conversa con Gabriel Japaz, arquitecto mendocino reconocido por su trabajo en bodegas y proyectos que mezclan paisaje, identidad y sensibilidad. Más allá del diseño, Japaz propone una mirada profunda: la arquitectura como un lenguaje que traduce el entorno y respeta su esencia.
“Construir no es imponer, es interpretar”, dice, convencido de que cada obra debe dialogar con el lugar en el que nace. Para él, el vino, la tierra y la arquitectura comparten algo en común: el tiempo. “La arquitectura es tiempo solidificado —explica—. Y cuando se trabaja para una bodega, uno también está diseñando una experiencia, no solo un edificio.”
Durante la charla, repasa su trayectoria junto a estudios como Bórmida & Yanzón y su paso por proyectos icónicos de la industria vitivinícola. Pero también se detiene en lo invisible: los procesos, las personas, las decisiones que no se ven en las fotos. “El arquitecto tiene que saber escuchar. Si no entendés la necesidad humana detrás de un encargo, terminás construyendo ego, no espacio.”
Japaz también reflexiona sobre los desafíos de proyectar en Mendoza, una provincia donde la arquitectura debe convivir con el clima extremo, el agua escasa y la potencia del paisaje. “El desierto no es vacío —dice—. Es silencio, y ese silencio hay que respetarlo.” Sus palabras resuenan como una defensa del equilibrio entre lo natural y lo hecho por el hombre.
Entre planos, viajes y reflexiones, queda claro que para Japaz la arquitectura es una forma de estar en el mundo. No solo una profesión, sino una manera de mirar. “Hay obras que se destacan por su tamaño, otras por su impacto. Pero las que realmente perduran son las que se integran. Las que no necesitan gritar para ser vistas.”
Mira la nota completa aqui:
